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Una vez asentados en las llanuras de Moab, Moisés se prepara para morir como Dios le había anunciado. Antes de su muerte ruega a Dios para que nombre a un sucesor que continúe guiando a su pueblo y el Señor nombra a Josué, a quien Moisés impone las manos traspasándole su poder. Antes de morir, Moisés bendice a las tribus de Israel y proclama un cántico sublime en el que narra la Alianza de Dios con su pueblo. Después Moisés sube al monte Nebo donde Dios le muestra la Tierra Prometida y muere allí como había dispuesto el Señor.

