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Dios no abandona nunca al pecador. Por eso no destruye a Caín sino que, tras haber matado a su hermano, le condena a andar errante y vagabundo por la tierra, pero protegiéndole y buscando siempre su arrepentimiento.
Dios no abandona nunca al pecador. Por eso no destruye a Caín sino que, tras haber matado a su hermano, le condena a andar errante y vagabundo por la tierra, pero protegiéndole y buscando siempre su arrepentimiento.