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Jacob emprende el regreso a casa y durante la noche, Dios sale a su encuentro y después de una lucha, le cambia el nombre. A partir de ahora se llamará Israel, que significa “combatiente de Dios” o “combatiente con Dios”. El Señor quiere resaltar así uno de los rasgos más relevantes de la personalidad del padre del pueblo elegido: su lucha para retener consigo a Dios, intentando conocer su nombre, y conseguir su bendición.

